Aquel hombre que se llama JESÚS!

En las últimas 3 reflexiones («Ciego, con propósito», «Nace, no se hace» y «Ver a Jesús«), hemos estado contemplando la misericordia de Jesús al sanar a un ciego de nacimiento. Ayer llegamos al verso 7, así que hoy leemos los siguientes 5 versos: Juan 9:8-12.

Nos encontramos ahora con «los vecinos y los que antes le habían visto», quienes notaron el cambio de vida de este hombre. El cambio fue de tal magnitud, que algunos dudaban que fuera realmente aquel ciego que conocían tiempo atrás:

«¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy» Juan 9:8-9

Evidentemente estamos hablando de un caso de sanidad primeramente física, sin embargo esto nos recuerda una verdad espiritual:

La obra particular o individual que Dios hace en una persona en lo privado, se hará evidente en su vida pública.

Cuando Dios obra en nosotros, nuestra vida misma será transformada, será otra, ya no seremos los mismos. Como un ciego, antes mendigaba, pero ahora este hombre aportaría su trabajo a la sociedad. Ya no sólo él sería beneficiado, sino que podía bendecir a otros con su nueva vida.

El cambio que sólo Dios puede traer a la vida de los hombres, es uno que no estará libre de las miradas escépticas o incrédulas de algunos. Así como hubo quienes dijeran del ciego «A él se parece», sembrando así una sombra de duda en la obra que Jesús hiciera en él; también hubo los que le reconocieron y de seguro se maravillaron con el cambio. Esto nos recuerda que aquellos en quienes Jesús obra, deben esperar tanto lo uno como lo otro. Sin embargo, para el ciego el cambio fue tan benéfico que muy seguramente estaría dispuesto a afrontar todo tipo de comentarios de sus familiares y conocidos.

«¿Cómo te fueron abiertos los ojos?», le preguntaron. A lo que este hombre, sin dudar, atribuyó el milagro a: «Aquel hombre que se llama Jesús»!. «Jesús» fue el nombre que Dios le dijo a José (esposo de María), que le debían poner al nacer:

«Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.»Mateo 1:21

JESÚS significa salvación! Fue de este Jesús que el profeta Isaías había escrito (Isaias 61:1), y éste mismo Jesús leyó de él:

«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar la Buena Noticia a los pobres. Me ha enviado a proclamar que los cautivos serán liberados, que los ciegos verán, que los oprimidos serán puestos en libertad, y que ha llegado el tiempo del favor del Señor» (Lucas 4:18-19-NTV)

La obra sanadora de Jesús en este hombre ciego de nacimiento, era solo el comienzo de una obra mayor en su vida. (Como lo veremos en las próximas reflexiones). No sólo sería liberado de la mendicidad que le trajo la ceguera de sus ojos, sino que más aún, ese fue el camino para encontrar en Jesús la liberación de la esclavitud al pecado y poder ver con los ojos de la fe, al Autor de la vida, a Aquel hombre que se llama Jesús!: el único Nombre en que puede el hombre ser salvo!. (Hechos 4:12)

Fraternalmente, pastor Juan.