¿Por qué se lamenta el hombre?

Hace un par de semanas, le escuché a una hermana de nuestra congregación una palabra que me pareció bastante graciosa, y de inmediato le dije que la usaría como una buena ilustración. Estábamos hablando de aquellas palabras o frases que algunos cristianos han inventado en su vida de fe. La palabra en cuestión fue: quejabanza! (Sólo de recordarlo me causa risa)

Una “quejabanza”?

Creo que esto señala la manera en que algunos creyentes vienen a la iglesia hoy. No vienen con un espíritu o deseo de exaltar al Señor con alabanzas por sus maravillosas obras y su abundante misericordia para con nosotros, los pecadores, sino más bien llegan a presentar sus quejas o lamentos, que bien pueden llamarse “quejabanzas”.

Ciertamente el lamentarse o quejarse ante el Señor, es también algo que la misma Palabra aprueba o permite, sin embargo con un enfoque muy diferente a estar pensado en sí mismos y gimiendo por no tener lo que nuestros corazones engañosos codician.

El profeta Jeremías, dijo:

¿Por qué se lamenta el hombre viviente?
Laméntese el hombre en su pecado.
  
Lamentaciones 3:39

¿Por qué se lamenta el hombre?

Mientras el hombre mantenga a su “yo” sentado en el trono de su misma existencia y espere que todo gire en torno de si mismo, verá a Dios como a alguien que está obligado a darle cuánto desee y a no castigarle con justicia por lo que en realidad merece.

Si existe algo en lo que todo ser humano debe lamentarse y suplicar a Dios por su compasión, es precisamente por su condición de pecador y más al ver cómo, a pesar de su mucho pecado, aún sigue respirando y vive para contarlo! (ya que la paga del pecado es la muerte!)

¿De qué le servirá a los hombres lamentarse por lo que materialmente no tienen e ignorando lo que si tienen, cuando espiritualmente están vacíos? De muy poca utilidad será que se satisfaga los deseos de los hombres mientras que la mayor carencia continúe insatisfecha. Por tanto, que se lamente y se duela el hombre por saberse pecador ante Dios y reconocerse digno de la justa condenación.

Quien se lamenta por su pecado ante Dios y llora sobre éste con dolor, esta más cerca del reino de los cielos que aquellos que sólo tienen a Dios para lamentarse de las “injusticias” de la vida y otras cosas pasajeras a la vez que ignoran su peor calamidad y necesidad.

Siempre nos hará bien recordar que toda bendición que Dios nos da, por básica o pequeña que sea, es infinitamente mayor y mejor a aquello que ciertamente merece un pecador.

Que el pecado cause dolor en nuestra alma, para que humillados vayamos a Cristo: el Hijo que puede reconciliarnos con el Padre. Y entonces, ofrezcamos alabanzas al Salvador! Clic para tuitear

Fraternalmente, pastor Juan