Su padre…

Hace un par de días escuché en un programa periodístico, las estadísticas de desamparo de ancianos en nuestro país. Ciertamente es alarmante saber que son más de 800.000 ancianos los que están siendo abandonados en las calles, en centros de reposo, asilos, centros para adultos mayores o incluso lo que llaman hoy “guardería para ancianos”.

Recuerdo la vida de Jose, hijo de Jacob. Aquel que fue vendido por sus hermanos y llevado a Egipto. Y contrario a lo que sus hermanos imaginarían que le sucedería, Dios le preservó la vida y le puso en un importante lugar de honor y poder para ser así el libertador de su familia y su pueblo.

Pero lo que más llama mi atención ahora, es que en medio del honor que recibió, el poder que el Faraón le concedió sobre todo Egipto y aún teniéndolo todo, nunca se olvidó de su familia y en especial de su padre Jacob, ahora viejo y cansado. Y dándose a conocer a sus hermanos, mandó traer a su querido viejo a Egipto para verle.

Y cuando José supo que su padre venía en camino, dice Génesis 46:29 que:

José hizo que prepararan su carruaje, y salió… para recibir a su padre Israel. Cuando se encontraron, José se fundió con su padre en un abrazo, y durante un largo rato lloró sobre su hombro.

Ni la grandeza, ni el poder, ni la alta posición en la sociedad alteró su amor por su padre. Y tanto es así, que siendo el segundo al mando en todo Egipto, José honró a su padre y no le importó reverenciarlo, con lo cual no solo agradó a Jacob sino que ante todo agradó a Dios.

Nuestros padres, con sus defectos y sus virtudes, son los que Dios ha usado para prestarnos la vida. El cristiano honra a Dios que nos ha mandado a amar y cuidar a nuestros viejos, a quienes tenemos que agradecer porque, sea cual sea nuestra situación, hoy estamos aquí por ellos.

No se honra a Dios cuando no se honra a los padres. Clic para tuitear

Fraternalmente, pastor Juan

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