Ser prosperados en todo!

En la Biblia encontramos cartas y algunas de ellas muy cortas. Sin embargo, aunque cortas están llenas de lecciones para nosotros. Una de ellas es la tercera carta del apóstol Juan. Esta fue una breve misiva dirigida a un hombre y fiel cristiano llamado Gayo.

En el saludo de la carta, encontramos las siguientes palabras de Juan para su amigo y hermano:

El anciano a Gayo, el amado, a quien amo en la verdad. 3 Juan 1

Primeramente Juan se identifica como “El anciano” y saluda a su hermano Gayo recordándole el amor que les une, el amor de Cristo, el amor en la verdad. Luego, continua deseándole tres cosas que quiero que consideremos hoy:

Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.  3 Juan 2

Primero: …que seas prosperado en todas las cosas…

Para el apóstol Juan era de importancia el bienestar en todos los aspectos de sus hermanos en Cristo. No ignoraba que las oraciones de los creyentes unos por otros y el deseo de que todos seamos bendecidos, o prosperados en todo, es muestra del amor que Cristo ha puesto en ellos.

Segundo: …que tengas salud…

¿De qué le servirá al hombre la prosperidad de bienes materiales cuando se padece enfermedad? Bien sabemos de hombres que poseen mucha riqueza material, prosperidad económica o laboral y sin embargo, no pueden disfrutarla por falta de salud física. Juan deseaba que su hermano gozara de salud también.

Tercero: …así como prospera tu alma…

Pero, antes que el bienestar, la prosperidad o progreso y antes de gozar de buena salud física, Juan tenía claro que todo ello, debía venir a la par o conforme el alma de su hermano era prosperada! Esto resalta sobre las otras cosas: primero el alma.

Ser prosperados en todo!

Esto nos recuerda que nuestra mirada debe estar primero en lo que es eterno y espiritual, que alimenta nuestra alma y nuestra comunión con Cristo y luego todo lo demás. Sin embargo, también nos recuerda que Dios desea ver sus hijos siendo prosperados integralmente: tanto en cuerpo como en alma.

Los creyentes no sólo oramos por el bienestar espiritual del pueblo de Dios, también lo hacemos por su bien material y físico. En esto, seguimos el ejemplo de Jesús, quien se ocupó también de ambas cosas en aquellos que le seguían. Clic para tuitear

Fraternalmente, pastor Juan