Fue el Señor quien lo hizo

En la reflexión anterior, vimos cómo el profeta Daniel se propuso no contaminarse con la comida del aquel rey que le había llevado en cautiverio. No comió de ello porque sabía que sus porciones eran parte de ritos a dioses falsos; su lealtad a Dios estaba siendo probada.

Daniel era parte del pueblo de Judá, el pueblo de Dios, cuando llegaron los ejércitos babilonios con deseo de apoderarse de su tierra y les llevaron con ellos. En la primera parte del libro bíblico que lleva su nombre, dice lo siguiente:

En el año tercero del reinado de Joacim rey de Judá, vino Nabucodonosor rey de Babilonia a Jerusalén, y la sitió. Y el Señor entregó en sus manos a Joacim rey de Judá,… Daniel 1:1-2a

Jerusalén, que era lo que podríamos llamar la capital del pueblo de Judá, fue sitiada, es decir cercada o rodeada por el enemigo para tomarla. Era el pueblo amado por Dios el que estaba allí viviendo el terror de ver a sus enemigos apoderarse de ellos. Pero… 

Fue el Señor quien lo hizo

“Y el Señor entregó en sus manos a Joacim rey de Judá.”  ¿Leíste bien? Fue Dios mismo quien entregó a los enemigos de su pueblo la cabeza del rey del pueblo de Judá! ¡Los babilonios lograron sitiar la ciudad porque Dios les entregó a su pueblo en sus manos. Fue obra de Dios!

Pero por sorprendente que sea, quiero que notes esto: Aunque fue Dios quien llevó y entregó a su pueblo en manos de sus enemigos, no por ello Daniel dejó de guardarse para agradar a su Dios, como lo vimos ayer en Daniel 1:8-9.

Esto me hace pensar en las veces que se escucha decir: Si Dios existe, ¿por qué permite el sufrimiento? ¡Como tratando de evadir su responsabilidad de honrar a Dios argumentando que si Dios hace tales cosas entonces no tiene el hombre por qué honrarlo! 

Aunque Dios mismo, como Dios soberano que es, algunas veces nos lleva por caminos espinosos, nuestro deber es honrarlo sabiendo y confiando que aún allí, ÉL irá con los que, por fe en Cristo, son ahora Su pueblo, así como estuvo con Daniel y éste le honró. 

La soberanía de Dios implica que Él puede hacer y hace lo que Él quiere, y ello no elimina la responsabilidad del hombre ni es razón alguna para que éste no le honre como lo que Él es: Dios. Clic para tuitear

Daniel lo supo, ¿y tú?

Fraternalmente, pastor Juan