Promesa, Sacrificio, Misericordia, Responsabilidad y Esperanza

Hace dos días vimos algunas de las consecuencias que trajo el pecado para la mujer: sufrir el dolor de tener y perder los hijos y sufrir la tiranía del hombre sobre ella. Y luego, ayer, vimos que entre otras consecuencias, para el hombre su subsistencia aquí no sería nada fácil sino trabajosa y con la zozobra de saber que un día tendrá que abandonar todo esfuerzo y ganancia cuando vuelva al polvo.

Continuemos observando el texto de hoy. En los últimos cinco versos de Génesis 3, quiero compartir cinco pensamientos que vienen a la luz respecto a las consecuencias del pecado y la bondad de Dios para con ésta humanidad que le traicionó. Veamos  Génesis 3:20-24 cada verso a la vez:

1 – La promesa

Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes.

Sólo hasta aquí fue que Adán le dio nombre a su mujer. Y el nombre que le dio nos hace pensar que él, Adán, creyó la promesa que Dios le había dado, de que por medio de la mujer vendría la promesa del Redentor que les libraría de la esclavitud al pecado. Por tanto fue que Adán la llamó: madre de todos los vivientes. ¡Adán creyó la promesa de Génesis 3:15!

2 – El sacrificio

Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.

Es el primer sacrificio mencionado hasta aquí. Justo después de pecar, se hizo necesario el derramamiento de sangre. Esto comenzaba a señalar a un sacrificio mayor y definitivo que vendría en la Persona prometida, la simiente de la mujer. El pecado trajo la más dura e injusta consecuencia: Que el Hijo Santo de Dios, el Justo, entregare su vida por los injustos! Sólo así, tanto hombres como mujeres, podrían ser vestidos por la gracia de Cristo!

3 – La misericordia

Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.

En medio del pecado en que se encontró el hombre, y habiendo sido creado para que viviera para siempre, ahora les protege de comer del árbol de la vida para que no sea que vivan para siempre en su precaria condición. Ellos deberán ser primero rescatados para luego poder vivir eternamente. Es la misericordia de Dios para con sus criaturas obstinadas y rebeldes.

4 – La responsabilidad

Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado.

Pero el Señor, cual excelente y sabio Maestro, señala al hombre la necesidad de asumir su responsabilidad por sus actos, la dura lucha en la tierra comienza y ello le será un recordatorio de su obstinada testarudez de no atender la voz de Dios. Pero tal responsabilidad es sólo mientras espera la liberación definitiva de su pecado, prometida para aquellos que esperan en Cristo.

5 – La esperanza

Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.

La esperanza ha sido prometida en la simiente que es Cristo. Es por medio de Aquel Jesús, quien es el camino, la verdad y la vida, que el hombre un día tendrá acceso y disfrutará del árbol de la vida y vivirá para siempre en la presencia santa de Dios. Ya redimido, ya rescatado, ya reconciliado con ÉL!

Siendo el ofendido, Dios prometió un sacrificio que Él mismo sufrió, y nos mostró así la máxima expresión de Su amor y misericordia con la cual trajo la esperanza en Cristo de la vida eterna! Clic para tuitear

Fraternalmente, pastor Juan