La sujeción de las casadas

La Persona y obra que todo matrimonio necesita es la del Espíritu Santo de Dios. Pero, cuando las relaciones conyugales no son lo que Dios ha diseñado que sean, la obra del Espíritu Santo se ve estorbada, aunque no impedida, en medio de los hogares.

Ser morada y estar llenos del Espíritu de Dios, garantiza el poder, la capacidad y disposición para que nuestras relaciones con nuestro cónyuge sean lo que deben ser delante de Dios, al obedecer las instrucciones que el mismo Espíritu nos da en Su Palabra.

A las esposas, pues, el Espíritu dice:

Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Efesios 5: 22-24

La sujeción de las casadas

Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor…

Tenemos aquí un verbo imperativo sujetas, es decir es un mandato del Espíritu a las esposas de reconocer el liderazgo de sus esposos, a quienes fue Dios quien les ha dado la responsabilidad de ser quienes dirijan el rumbo del hogar.

Sin embargo, aunque es un mandato de Dios, aquel verbo sujetas esta de tal manera escrito allí que indica que dicha sujeción debe ser una decisión voluntaria, una decisión de un corazón en el que mora el Espíritu de Dios y a quien desea la esposa honrar con su conducta para con su esposo.

Al ser un mandato, el no acatarlo equivale a desagradar al Dios que la esposa dice honrar. Pero al ser un asunto de voluntad, señala también que la sujeción de la esposa es evidencia de que el Espíritu de Dios esta obrando y llenando cada día más su corazón.

Pero además, dice que es a sus propios maridos, señalando que es una sujeción especial. No está al mismo nivel de la sujeción de una esposa para con su jefe en el trabajo, ni tampoco de cómo se sujeta a sus padres, ni tampoco cómo se sujete a su pastor en la iglesia, a un líder o dirigente. Sino que la sujeción a su propio esposo tiene prioridad sobre toda otra relación. 

El marido es cabeza… así como Cristo

El esposo no es Cristo. Pero representa a Cristo. Por tanto, esto le recuerda al esposo su deber de mostrar a Cristo con un trato misericordioso y compasivo para con su esposa tal como el trato que tiene Cristo con su iglesia. (Sobre el ser cabeza, hablaremos más en próximos días)

Así que la sujeción de la esposa a su esposo no es una sujeción servil y ciega, sino un reconocimiento de la función que el Señor le ha dado tanto a ella como también de la gran responsabilidad ante Dios que tiene su esposo.

La esposa no depende de lo que es o no es su esposo, porque el Espíritu que mora en ella le capacita para honrar a Dios con el cumplimiento de la función que el mismo Dios le dio en el matrimonio. Ellas responden con respeto a sus esposos porque quieren honrar a Dios.

El sujetarse al esposo no es asunto de honrar a los hombres, es asunto de honrar a Dios. Por ello dice: estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor.  Clic para tuitear

Fraternalmente, pastor Juan

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