El responsable del amor es el esposo – parte 1

A las esposas, Dios les manda asumir voluntariamente su función de respetar a sus propios esposos como una demostración de su honor y sujeción a Cristo. Es esta la responsabilidad asignada por Dios para ellas. Pero el hombre también tiene su papel asignado en el matrimonio.

A los esposos, el Espíritu les dice:

Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.  Efesios 5:25-27

El responsable del amor es el esposo

El mandato a la sujeción dado a la esposa(Efesios 5:22) se encuentra expresado de una manera en la que ellas deben asumirlo voluntariamente. Sin embargo aquí: Maridos, amad a vuestras mujeres, señala que al hombre no sólo se le da el mandato sino que se le exige de manera más directa y definitiva su cumplimiento: amad es tu única opción.

Aunque por lo general es la mujer la más detallista y romántica, sin embargo la responsabilidad de mantener, cuidar y alimentar el amor en el matrimonio recae primeramente sobre el hombre. Es él y no ella, la que debe velar cada día por mantener una conducta para con ella que le exprese el amor que le profesa. Así que, cuando en el hogar ya no hay amor es el hombre el culpable!

El tipo de amor que allí se le demanda al esposo, es aquel amor donde Cristo es fielmente representado, un amor sacrificado y abnegado: que no busca lo suyo sino el bien de su esposa, tal como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.

El propósito al amarla es su santificación

Éste amor, responsabilidad del hombre de la casa, es uno que tiene un alto propósito para la vida de la esposa: su santificación. El hombre que ama a su esposa, procurará siempre para ella aquellas cosas, situaciones o actitudes que promuevan en ella una mayor semejanza a Cristo.

La responsabilidad del esposo será proveer para ella no sólo los bienes materiales sino también todo bien espiritual. Es protegerla no sólo físicamente o corporalmente sino también espiritualmente. La santidad de su propia esposa debe ser prioridad en la vida de cada esposo.

Por tanto, parte de ser el líder o cabeza de la esposa es invertir en todo aquello que la ayude para que su alma, y no solo su cuerpo o apariencia física o exterior, sea la más bella posible ante los ojos de Dios.

Que el esposo ame abnegadamente a su esposa, que provea y proteja de su cuerpo como también de su alma, disponiendo todo lo que esté a su alcance para su propia santificación y la santificación de ella. Clic para tuitear

Fraternalmente, pastor Juan

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