La única belleza que no se acaba

Ayer en ¿Qué hacer si mi esposo no es cristiano? abordé brevemente la necesidad de que la esposa cristiana se conduzca ante su esposo no creyente de manera tal que su ejemplo de vida diga más que sus palabras; es decir, que su manera de vivir adorne el evangelio que ella ha creído.

Pero no sólo ha de adornarse el Evangelio con una conducta adecuada a éste. También, todo esposo que ama a su esposa se goza cuando contempla su belleza. Sin embargo y hay que decirlo, la belleza física siempre termina. La vitalidad, las fuerzas, la lozanía que se goza en los años de juventud, siempre acaba, no es para siempre.

Por tanto, la escritura llama a todas las esposas, ya sea que su cónyuge sea o no cristiano, a adornarse con la única belleza que no se acaba:

Que la belleza de ustedes no dependa de lo externo, es decir, de peinados ostentosos, adornos de oro o vestidos lujosos, sino de lo interno, del corazón, de la belleza incorruptible de un espíritu cariñoso y sereno, pues este tipo de belleza es muy valorada por Dios.  1 Pedro 3:3-6

Aclaro que el texto anterior, aunque algunos lo han usado para decir que las mujeres no deben usar ningún elemento o adorno (tales como aretes, collares, anillos, maquillarse, etc), nada tiene que ver con ello. El texto de ninguna manera defiende aquellas posturas rígidas dónde a la mujer escasamente se le permite bañarse y vestirse.

Conforme al momento en que Pedro escribió tales palabras, señala es a aquellas esposas que no consideraban a sus esposos exigiéndoles perlas o adornos costosos muy elaborados que claramente ellos no tenían la capacidad económica de pagar; al hacerlo, las esposas quedaban ante la sociedad como mujeres vanidosas, egocéntricas y además desconsideradas para con sus esposos.

Por lo anterior, el llamado a la esposa es a dar mayor importancia a vestirse primeramente en lo interior antes que adornar lo exterior. Mantener un espíritu cariñoso y sereno, que sabe considerar y respetar a su esposo sin exigirle lujos que no pueda costear, es la manera en que se adorna una esposa fiel.

Dicha belleza es valorada no sólo por el esposo sino más aún por Dios. Pero además, es ésta belleza la que adorna el Evangelio y puede, conforme a la voluntad de Dios, atraer a un esposo incrédulo.

La belleza de un corazón considerado, cariñoso y apacible es la única belleza que a la esposa nunca se le acaba. Es el testimonio de una vida consagrada a agradar al primer y más importante Esposo: Cristo. Clic para tuitear

Fraternalmente, pastor Juan

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